Abierto este bar fetén de la calle Cuenca… ¡donde poder comer solo!

Una mesa para uno, por favor. Hay peticiones que deberían ser lo más normal del mundo y, sin embargo, a veces parecen exigir una explicación. Piquillo, en la calle de Cuenca de València, lo deja por escrito: aquí se puede venir solo. Su declaración de intenciones merece tanta atención como esa barra verde que entra por los ojos.

Vista general del comedor de Piquillo Bar, proyecto de FOS

Vista general del comedor. Visualización del proyecto de FOS.

Te apetece comer fuera. No has quedado con nadie. Tampoco necesitas hacerlo. Basta ese pequeño plan para descubrir lo incómodo que puede resultar sentirse un comensal de menos: la mesa que parece demasiado grande, la pregunta de si esperas a alguien, las ganas de justificar que sí, que estás perfectamente bien así. Por eso nos interesa que un bar convierta la bienvenida en una de sus normas de la casa.

La primera ley: puedes venir solo

En las normas que Piquillo comparte en Instagram se lee: «Se puede venir solo. Nunca se está solo mucho rato». Una frase pequeña con bastante bar dentro. Puedes llegar sin compañía y encontrar alrededor el movimiento de una barra, una conversación que surge o, sencillamente, gente haciendo su vida mientras tú haces la tuya.

Nos gusta esa manera de entender la hospitalidad. Frente a la mesa medida por cuántos la ocupan y a la comida convertida en una cuenta atrás hasta el siguiente turno, esta bienvenida reivindica algo elemental: también hay sitio para quien sale a comer consigo mismo. Y compartir un lugar no obliga a compartir conversación.

Un bar para quedarse un poco más

Esa intención también está en el proyecto de interiorismo de FOS. El estudio parte de los rituales cotidianos que hacen barrio: almorzar, tomar una cerveza al salir del trabajo y alargar la charla alrededor de una mesa. El espacio se plantea para acompañar esos momentos y hacerse familiar a fuerza de volver.

La intervención trabaja sobre un local de 166 metros cuadrados y conserva su distribución general. El cambio se concentra en los acabados, el color y los muebles a medida. El verde enlaza fachada e interior; la barra y las mesas recogen una identidad que mira al bar de siempre desde el presente.

Hasta la servilleta tiene algo que decir

Hay un detalle especialmente fetén: una de las mesas diseñadas por FOS toma su forma del rombo de la identidad gráfica de Piquillo. Ese dibujo procede, a su vez, de los motivos impresos en las servilletas de papel tradicionales. De la servilleta al símbolo y del símbolo a la mesa sobre la que vuelve a apoyarse un plato.

Son guiños que tienen sentido en un lugar que quiere incorporarse a la vida del barrio. Pero nuestra razón para apuntarnos Piquillo sigue siendo aquella primera norma. La próxima vez que te apetezca salir a comer, no hace falta empezar buscando acompañante.


Mosaico verde y amarillo con el nombre de Piquillo
Banco corrido y mesas de Piquillo Bar, proyecto de FOS

Mosaico de Piquillo y visualización del banco corrido del comedor. Imágenes: FOS.

Piquillo Bar

Dónde: calle de Cuenca, València.
Interiorismo: FOS.
Más información: @piquillobar.