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De Bombas Gens a La Ceramo: la València industrial busca su segunda vida.
IDEAS CLAVE
2009: la demolición de las naves de Macosa para abrir paso al AVE marca el punto bajo.
Ya funcionan Bombas Gens, la Fábrica de Hielo del Cabanyal, la Nave 3 y La Harinera del Grao.
Siguen esperando los tinglados 4 y 5 y La Ceramo de Benicalap; Vinival ya se demuele.
La receta de la especialista Diana Sánchez Mustieles: conservar la historia del edificio y que no le quiten el alma.
En 2009 la ciudad derribó las naves de Macosa para abrir paso al AVE. Hoy convierte sus viejas fábricas en centros de arte, mercados y equipamientos públicos. Repaso por una década de reconquista industrial: lo que ya funciona, de Bombas Gens a La Fábrica de Hielo, y lo que sigue esperando, de los tinglados 4 y 5 a La Ceramo de Benicalap.

Vista del Tinglado 2 de La Marina de Valencia. Foto: Cedida.
Hubo un tiempo, hasta hace apenas una década, en que los viejos edificios industriales valencianos eran como remolcadores camino del desguace. En 2009 las naves del antiguo polo industrial de Macosa, cuya metalurgia empleaba en su mejor momento a 2.000 personas, fueron derribadas para abrir paso a las vías del AVE y a la urbanización del entorno, la operación del futuro Parque Central. Muchos otros llegaron tarde a la nueva sensibilidad: el entorno de cervezas Turia, hierros Mateu o el parque de Artillería.
Desde entonces algo ha cambiado. Una mayor apreciación social de la estética industrial, junto a una corriente global de reconversión en núcleos culturales y gastronómicos, ha hecho reverdecer un buen puñado de casos en València. La experta en patrimonio industrial Diana Sánchez Mustieles suele recordar el momento en que el empresario José Luis Soler le pidió ayuda para salvar una poderosa fábrica de bombas hidráulicas, abandonada y pasto de las llamas: de aquel primer café salió la rehabilitación de Bombas Gens. «Estamos en la era de las redes sociales, que son pura imagen, y la imagen industrial resulta muy atractiva», razona.
Los que ya funcionan.
El taller familiar de Carlos Gens se transformó a inicios de los años treinta en una factoría de válvulas industriales, con edificio de Cayetano Borso di Carminati en plena periferia de la ciudad. Cerró en 1991 y el espacio cayó en desgracia: abandono, incendios, falta de proyectos. La Fundació Per Amor a l’Art lo rehabilitó al poco de su último incendio, en 2014, y lo convirtió en centro de arte con equipamientos sociales. En 2024 su uso cultural cambió de nuevo y desde entonces es un centro de artes digitales.

Bombas Gens, de factoría de válvulas a centro de artes digitales. Foto: Cedida.
Mismos parámetros en otros barrios.
La Harinera del Grao, la fábrica de harina de trigo de Juan Castellano SA junto a la playa de vías del ferrocarril, quebró con los bombardeos de la Guerra Civil y se conservó en ruina durante décadas: reabrió en 2024 como parte del complejo de Las Naves que el Ayuntamiento dedica a la promoción innovadora. Junto a la estación del Cabanyal, la nave de Tonelería Soler, donde se ensamblaban toneles, fue recuperada por el grupo Mercabanyal como mercado gastronómico conservando la mampostería, la carpintería y parte de la vieja maquinaria. Y la Fábrica de Hielo, un antiguo peñón industrial con apariencia de hangar donde se producía el hielo para el negocio del pescado, fue uno de los espacios pioneros, hace ya más de diez años, de la Valencia cultural por llegar.
En el entorno del Parque Central sobrevive la Nave 3, de una familia de cuatro naves construidas por el equipo y la influencia del arquitecto Demetrio Ribes junto al viejo polo ferroviario. El Ayuntamiento la rescató en los últimos años como equipamiento cultural, buscando entre las cuatro una coherencia parecida a la del Matadero de Madrid, aunque con usos mucho más dispersos.

Interior de la Fábrica del Hielo, en Valencia. Foto: Cedida.

Interior de la Nave 3, equipamiento cultural junto al Parque Central. Foto: Cedida.
«Que no le quiten el alma y lo dejen como un cascarón vacío»: la receta de la especialista Diana Sánchez Mustieles para las rehabilitaciones pendientes.
Los que siguen esperando: tinglados, Ceramo y Vinival.
En el viejo puerto eran seis los tinglados que, enlazados al tren por la Estación del Grao, almacenaban la mercancía que llegaba y salía por mar. Con un estilo modernista emparentado con la Estación del Norte, tres de ellos sucumbieron. El Tinglado 2, en cambio, se integró en la recuperación de La Marina y lleva años como plaza espontánea donde cada tarde se ven decenas de patinadores. Los tinglados 4 y 5, rehabilitados en su caparazón, siguen detenidos a la espera de encontrar su uso definitivo: la Cadena SER denunció en julio de 2025 que la rehabilitación llevaba un año paralizada y, según Las Provincias, en marzo de este año continuaba sin avances.
Los dos grandes pendientes que señalaba el reportaje original siguen dando noticias. La Ceramo de Benicalap, la fábrica de tejas y mayólicas construida en 1885 por José Ros Furió con el modelo de casa-factoría de la primera industrialización, acumuló este año dos titulares incómodos: la preocupación vecinal por el amianto del edificio, junto a un colegio, contada por Levante-EMV en mayo, y la nueva capa de pintura rosa con la que el Ayuntamiento tapó sus grafitis en junio, el rodillo municipal que los defensores del patrimonio llevan años criticando, según Las Provincias. Y en Alboraya, las bodegas Vinival ya se demuelen desde febrero para levantar una promoción de 974 viviendas, informó Las Provincias.
Ante los proyectos pendientes, Mustieles recomienda estudiar la historia del edificio y conservarla en el nuevo uso: «Que no pierda su imagen industrial original, en definitiva que no le quiten el alma y lo dejen como un cascarón vacío». Si la urbanista Jane Jacobs pedía «ideas nuevas en edificios antiguos», la última década valenciana avisa de la oportunidad: encajar nuevos usos en el patrimonio exige flexibilidad para rehabilitar, pero también la conciencia de que el cambio no puede depender solo de modas o cuestiones visuales.
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