CIUTAT PRÒPIA / VALÈNCIA / PERSONAS
Los Babel: el cine de barrio que parecía condenado al cierre se ha puesto de moda.
Versión original, silencio y ni una palomita: con ese marchamo de café para muy cafeteros, los Babel eran carne de cañón al atravesar el covid. Hoy son el fenómeno contrario: un cine de barrio convertido en centro cultural diario sin dejar de ser lo que era.
Cines Babel: cine, bar y librería.
Carrer de Vicent Sancho Tello 10, El Pla del Real, València.
Dirección: Guillem Beltrán y Leví Navarro, con Antonio Such.
Nueva identidad visual: Pau Orts y Phantasia Services.
Los cines Babel sobreviven en Valencia.
LAS PERSONAS DETRÁS DE LOS BABEL
Guillem Beltrán
Dirección
Leví Navarro
Dirección
Antonio Such
Responsable histórico de la sala
Pau Orts
Desarrollo gráfico e identidad visual
Phantasia Services
Identidad visual
Javier Blasco
Cocina del bar
Horma Estudio
Interiorismo
Antonio Ladrillo
Ilustraciones
Vicente Orts y Lebrel
Mobiliario
Bangarang
Mini librería
Cada ciudad tuvo unos Babel. El último reducto de un cine con identidad, pegado a un barrio, hecho por y para aficionados al cine. En València, el suyo está justo al cruzar Mestalla, camino del Túria: versión original, silencio casi ceremonial y la histórica prohibición de las palomitas. Ese marchamo de café para muy cafeteros parecía sentenciado cuando atravesó el zaguán del covid, donde tantos de los que entraron renqueantes ya no salieron. Nada más lejos de la realidad. Cuando este reportaje vio la luz en mayo, la escena ya era la contraria: un domingo por la tarde, pero también un martes cualquiera, la cola para entrar, con las butacas sin numerar, convertía su sala de espera en un ir y venir de vecinos pendientes de que en la pantalla salga el verde. Hoy la cartelera sigue en versión original cada tarde y el bar abre a diario, de 15:30 a 24:00, con libros a la venta y sin necesidad de entrada.
Al frente del giro están Guillem Beltrán y Leví Navarro, dos rostros nuevos curtidos en cines más pequeños que vieron una rendija donde los demás solo detectaban problemas, aliados con Antonio Such, responsable histórico de la sala. Su diagnóstico condensa el reto de casi cualquier comercio emparentado con la cultura: el tiempo de vivir de la marca acabó y el monocultivo no basta. La clientela de nicho que valoraba la versión original y la credibilidad prescriptora del cine era el punto de partida, no la estación de llegada.
El luminoso de la Sala 1.
El cine donde pasan muchas más cosas.
La fórmula recuerda a la de Phenomena en Barcelona, un caso de éxito europeo que también ha reformado sus salas para socializar distinto sin dejar de ser lo que es. En los Babel, la diversificación no fue en detrimento de la apuesta cinéfila, sino que la reforzó. La práctica empezó a andar con nombres propios del ecosistema creativo valenciano: Horma Estudio al frente del interiorismo, Pau Orts en el desarrollo gráfico, Antonio Ladrillo en las ilustraciones, Vicente Orts y Lebrel en el mobiliario.
El bar, antes una cafetería sin demasiada relevancia, ganó una personalidad pareja a la de las salas: con Javier Blasco en la cocina se convirtió en una gran sala de reunión cultural diaria, con una mini librería a cargo de Bangarang. Los eventos creativos que estrenaron la casa, como las PowerPoint Party o los encuentros de Las Entendidas, han echado raíces: esta misma semana la agenda combina cine club, el ciclo 30 años, 30 películas y una PowerPoint Party especial.
El azul de siempre, de la tarjeta a la carta.
El tiempo de vivir de la marca acabó. El monocultivo no basta: los Babel serían el cine donde pasan muchas más cosas.
El azul de siempre, con una voz nueva.
La nueva identidad, trabajo conjunto de Pau Orts y Phantasia Services, no inventa nada: ordena y hace reconocible todo lo que ya sucedía. Recopilado el universo gráfico histórico del cine, hecho de recursos emocionales, anecdóticos y hasta accidentales, el equipo optó por una identidad sencilla y fácil de reconocer. «Por eso potenciamos el azul tan característico de Babel y lo combinamos con una versión actualizada de su tipografía geométrica», explica Edu, de Phantasia, en una entrevista con Mapa del Disseny València.
Hubo debate sobre si mantener el azul o pasar completamente al negro, y ganó combinarlos: «A nosotros nos encantaba el azul porque tenía un punto desenfadado, más de barrio, y pensábamos que sería una lástima perderlo, porque era muy identificativo de los cines», recuerda Pau Orts en la misma conversación. Mantener el valenciano como lengua principal de comunicación fue otra decisión consciente. El objetivo declarado del proyecto: «Que Babel sea un espacio donde pasar la tarde, y no solo una sala a la que entrar y salir para ver una película y volver a casa».
La ventana con la ilustración de Antonio Ladrillo.
Lo que parecía un handicap se ha vuelto ventaja. Mientras la homogeneidad y la despersonalización urbana ganaban paso, los Babel esperaban su momento: su capital cultural conecta con el entorno y asegura la viabilidad. Agoreros, el cine de los culturetas está más vivo que nunca.
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