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Nolla, el mosaico que vuelve a estar de moda mientras su palacete de Meliana se restaura por tandas.

IDEAS CLAVE

Los suelos Nolla nacieron en Meliana hace más de siglo y medio y vuelven a pisar fuerte.

Tras el éxito llegó el desprecio: un suelo fue tapando a otro.

Los divulgadores del Centro de Investigación Cerámica Nolla hablan de un redescubrimiento.

El Palauet Nolla de Meliana, la casa de los fundadores, sigue en obras por tandas.

Los suelos de Nolla, nacidos en Meliana hace más de siglo y medio, pisan fuerte otra vez: los recuperan Josie en La Mancha, los Botín en Madrid o Hermès en Barcelona. Mientras, la casa de sus fundadores en Meliana avanza en su recuperación entre denuncias, visitas y campos de voluntariado.

Fachada decorada con cerámica Nolla

Fachada decorada con cerámica Nolla. Foto: EFE/Juan Carlos Cárdenas.

Tener los pies en el suelo es últimamente una sensación más placentera de lo normal en lugares como Villa Josie, la casa que el periodista de moda Josie abrió como «utopía solariega» en La Mancha, el Palacio de Villagonzalo que los Botín recuperaron en Madrid, el Palacete de Burgos traído al siglo XXI por Hidalgo Mora Arquitectos o la tienda Hermès de Barcelona. Todos comparten suelo: los mosaicos Nolla, una creación originaria de Meliana cuyas piezas de 3,8 por 3,8 centímetros han atravesado el tiempo hasta ponerse, contra todo pronóstico, de moda.

El fundador fue un auténtico pionero, además de tatarabuelo de Rita Barberá. Su éxito tuvo que ver con las corrientes higienistas de la época: el colorido del pavimento encajaba con la importancia de la luz natural y los entornos distendidos, sus piezas eran muy resistentes y su diseño casaba con el modernismo que empezaba a seducir a la burguesía. Pisar un Nolla es, en el fondo, pisar la raíz de la industria de la porcelana valenciana: de Nolla, explican los expertos, «nació el gres porcelánico que todos conocemos ahora». El Poeta Querol lo tenía claro: «Nolla creó mil cosas del polvo y vio que eran buenas».

Después llegó el desprecio.

Las piezas más grandes ahorraban tiempo y esfuerzo frente a ese laberinto de teselas de colocación exigente, y un suelo fue tapando a otro hasta que el recuerdo de los mosaicos valencianos quedó reducido a una excentricidad. Todavía hoy, advierten los divulgadores, hay quien lo tapa o incluso lo retira a pesar de estar protegido.

El redescubrimiento.

Dos de esos divulgadores son Ángela López Sabater y Xavier Laumain, del Centro de Investigación Cerámica Nolla, que trabaja en paralelo a la recuperación del antiguo palacete de los fundadores. Creen que se ha producido un redescubrimiento de «lo importante que era este producto, por su calidad, su belleza estética y la proyección nacional e internacional que dio a Valencia». Los valencianos, dicen, «habían olvidado que existía, ya no lo veían, a pesar de tenerlo a sus pies». Hace quince años recorrían el centro preguntando y nadie había oído hablar de él. Hoy la situación no tiene nada que ver: «No pasa ni una semana sin que encontremos un nuevo diseño que no conocíamos».

El diseñador Jaime Hayon, uno de los popes del diseño mundial, contaba el año pasado en el pódcast Mi casa en AD que uno de los motivos que le atrajeron de Valencia fue encontrarse con una casa, su futuro estudio, cubierta de nollas. Algo así como un flechazo. López y Laumain le dan otra clave de la vigencia: al estar compuestos de teselas geométricas sobre una cuadrícula regular, los Nolla tienen un punto muy moderno de pixelización, y durante su siglo de vida la empresa se adaptó a las modas de cada época, de las composiciones orientalistas a las modernistas.

Casa con suelos de cerámica Nolla

Vista de una casa con suelos de cerámica Nolla. Foto: Cedida.

«No pasa ni una semana sin que encontremos un nuevo diseño que no conocíamos, y que aguarda sorpresas», aseguran desde el Centro de Investigación Cerámica Nolla.

La casa de los fundadores, en obras por tandas.

El Palauet Nolla de Meliana, la antigua casa de los fundadores, vive un proceso de recuperación parejo al trabajo del Centro de Investigación. El ritmo no es lineal: en mayo, la oposición municipal (Compromís) denunció que el edificio llevaba cerrado todo el año, según informaron entonces Levante-EMV y Las Provincias. Desde entonces, la actividad documentada en el edificio ha sido de conservación: el 6 de octubre recibió una visita organizada por Hispania Nostra y durante la primera quincena de octubre acogió el tercer campo de trabajo de European Heritage Volunteers, con once especialistas trabajando en sus paramentos, según contó Las Provincias.

Si para los mosaiqueros colocar los Nolla era como montar un rompecabezas, las piezas por fin parecen encajar: el mosaico que pasó décadas sepultado bajo otros suelos hoy revaloriza por sí solo una propiedad. Falta que la recuperación de su casa de Meliana complete el rompecabezas.


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