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¿Por qué el Gulliver sigue siendo una gran lección para la Valencia del futuro?

Treinta y seis años después de su apertura, el parque del gigante sigue planteando la misma pregunta: cómo se construye una ciudad para la infancia. Cinco razones para responderla.

Toboganes y escaleras del Gulliver, con visitantes alrededor

Toboganes y escaleras del Gulliver, con visitantes alrededor. Foto: Visit Valencia.

1. Porque demostró que imaginar lo que está fuera de toda lógica urbana puede ser una buena idea.

Un gigante de 70 metros tumbado en un cauce, con toboganes por los dedos y escaleras por la ropa. En 1990 no respondía a ningún plan ni encajaba en ninguna categoría conocida: era pura fantasía construida. La ciudad se atrevió y acertó.

2. Porque no es un sitio de adultos para niños, sino un sitio de niños al que pueden ir los adultos.

El Gulliver no es un rincón infantil dentro del Turia con los padres mirando desde un banco. El gigante manda en el espacio: son los adultos los que entran en territorio de los niños, y no al revés.

3. Porque sus autores se adelantaron a los debates que hoy mandan.

Rafa Rivera, con Manolo Martín y Sento Llobell, planteó en 1990 lo que décadas después tendría nombre: ciudad verde, ciudad de quince minutos, ciudad cercana a la infancia. Esos debates llegaron para quedarse. El Gulliver ya llevaba años practicándolos.

Rafa Rivera en el reel de @alzadosycaidos con @iammartasoler (Instagram).

4. Porque es un lugar de cohesión total.

Vengan de donde vengan, los niños de Valencia se encuentran en el Gulliver. Gratuito y en el centro del jardín, no es el parque de un barrio: es el parque de todos.

Vista aérea del parque Gulliver en el Jardín del Turia

El Gulliver visto desde arriba, en el Jardín del Turia. Foto: Visit Valencia.

5. Porque el jardín del Turia es un espacio para imaginar el futuro.

El Gulliver lo recuerda desde 1990: el cauce no es solo un jardín consolidado, es el lugar donde Valencia puede seguir imaginándose. Si allí cupo un gigante, cabe cualquier futuro.


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